El Regreso de Cristo

9–13 minutos

INTRODUCCIÓN

A lo largo de la historia, el mensaje de los últimos tiempos ha sido frecuentemente malinterpretado, envuelto en una neblina de temor, especulación catastrófica o, peor aún, en una profunda indiferencia. Hoy, frente a un mundo convulso y una rutina que anestesia el espíritu, surge una necesidad urgente: despertar a la verdadera esperanza de la Iglesia. Vamos a ver las claves para mantener nuestro corazón encendido en medio de la oscuridad, enfocándonos en áreas fundamentales para nuestra preparación:

  • La Realidad del Regreso: Comprender la literalidad, majestuosidad y tangibilidad de la venida de nuestro Rey.
  • El Antídoto contra la Apatía: Cómo cultivar la intimidad, fortalecer la comunidad y abrazar la misión para sostenernos firmes en la “medianoche”.
  • Nuestra Verdadera Identidad: Transformar nuestra perspectiva para dejar de temer a un “ladrón en la noche” y abrazar nuestra posición como hijos de luz que esperan a su Esposo.
  • El Propósito de la Revelación: Entender los juicios y el libro de Apocalipsis como la manifestación definitiva del amor, la victoria y la justicia de Dios.

EL DESPERTAR DE LA ESPASA EN LA HORA DE LA MEDIANOCHE

La historia de la humanidad no es una serie de eventos aleatorios destinados al caos, sino un relato con un Autor soberano que se encamina hacia un desenlace glorioso. Sin embargo, el gran desafío de nuestra generación es la anestesia espiritual. Vivimos en un tiempo donde la sobreinformación, las crisis globales y la rutina religiosa han creado un estado de adormecimiento en el corazón del creyente. Muchos ven el futuro con temor o con una indiferencia que Jesús mismo profetizó como un riesgo real para Su pueblo.

El problema central no es la falta de señales —pues estas abundan en nuestro entorno— sino la falta de una expectativa amorosa. El mensaje del regreso de Cristo ha sido a menudo secuestrado por el miedo o por interpretaciones que lo presentan como un evento lejano y aterrador. Esta guía propone un cambio de narrativa: el regreso del Rey no es una catástrofe que debemos evitar, sino el clímax de la belleza de Jesucristo y la consumación de Su plan de redención. Estamos llamados a pasar de ser una Iglesia que ignora el capítulo final a ser una “Esposa” madura que colabora activamente con el Amado en la recta final de la historia.

EL REGRESO DE CRISTO

UN REGRESO FÍSICO: EL REY QUE CAMINA SOBRE LA TIERRA

La fe cristiana no se sostiene sobre conceptos abstractos o influencias espirituales incorpóreas, sino sobre la realidad de un Dios que se hizo carne. La premisa fundamental para entender los últimos tiempos es la literalidad. Así como fue literal Su primera venida —con un pesebre real, clavos reales en una cruz real y un cuerpo resucitado que podía comer y ser tocado—, Su regreso será igualmente físico y tangible sobre esta tierra.

“los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” Hechos 1:11 (RV60)

Este versículo es el ancla de nuestra escatología. Si Jesús subió físicamente, bajará físicamente. Entender esto cambia nuestra perspectiva del presente: Jesucristo es el guion de la historia y el molde de nuestra humanidad. No estamos esperando el fin del mundo por el fin mismo, sino la llegada de una Persona. Prepararse para los últimos tiempos no es construir búnkeres o acumular provisiones, sino preparar nuestro corazón para recibir a un Rey que establecerá Su gobierno sobre todas las naciones. Como bien se ha dicho: “prepararse para los últimos tiempos es prepararse para ser victorioso en todos los tiempos”, pues los valores del Reino venidero son los que deben regir nuestra vida hoy.

EL MISTERIO DEL ADROMECIMIENTO

Jesús, en Su último sermón público, dejó una advertencia que debería sacudir cualquier complacencia religiosa. En la parábola de las diez vírgenes (Mateo 25), profetizó que el 50% de la Iglesia podría encontrarse sin la preparación necesaria en el momento de Su llegada. El “aceite” en las lámparas representa esa reserva de intimidad y vida espiritual que no se puede improvisar en el último momento.

El adormecimiento del que habla la Escritura no siempre se manifiesta como un pecado evidente; a menudo es simplemente la pérdida de la urgencia y el descuido de la visión profética. Jesús advirtió que en la hora más oscura se oiría un clamor, según Mateo 25:6

“Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!” Mateo 25:6 (RV60)

Nuestra generación vive en esa “medianoche” simbólica. Las señales de Mateo 24Lucas 21 y las profecías de Daniel se están cumpliendo ante nuestros ojos: el aumento de la ciencia, la confusión global y el retorno de Israel a su tierra. La voz que despierta a la Iglesia no es una voz de pánico, sino una invitación al romance espiritual. Es el grito que nos llama a tener una actitud activa, a “salir a recibirle” en lugar de escondernos. Estar preparados significa estar “sobrios”, logrando que las tormentas externas no alteren nuestra paz interna ni nuestra fidelidad al plan de Dios.

LOS TRES PILARES

Para sostener la fe en tiempos de sacudida, la vida del creyente debe estar anclada en tres pilares fundamentales que evitan el aislamiento y el enfriamiento del amor.

  1. La Intimidad (El lugar secreto): Todo debe nacer en la relación personal con Dios. Se observa que los hombres que más entendieron el fin en la Biblia, Daniel y Juan, fueron llamados “muy amados”. La intimidad es clave porque Dios necesita que “vuelvas al día siguiente”. No es un intercambio de información rápida, sino una conversación continua donde Él revela Sus secretos a quienes están dispuestos a permanecer en Su presencia día tras día.
  2. La Comunidad (La preservación): El mensaje de los últimos tiempos se potencia en la iglesia local. Nadie está diseñado para atravesar la gran tribulación de forma aislada. La comunidad nos provee salud integral, aliento mutuo y protección contra el engaño. Como exhorta Hebreos 10:25: *”no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.
  3. La Misión (La Gran Comisión): Existe una conexión perfecta entre amar Su regreso y evangelizar. El entendimiento profético no nos encierra en cuatro paredes, sino que nos impulsa a alcanzar a las naciones. Mateo 24:14 es la “línea de llegada” de la misión: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. Cuando aceleramos la predicación, estamos, en esencia, apresurando el día del Señor.

¿LADRÓN O ESPOSO? UNA CUESTIÓN DE IDENTIDAD

Una de las mayores barreras para que el pueblo de Dios abrace el mensaje del fin es la figura del “ladrón en la noche”.Muchos han crecido con el temor de ser “secuestrados” por un Dios impredecible. Sin embargo, la Biblia aclara que esta percepción depende totalmente de la condición de luz u oscuridad en la que camine el individuo. El apóstol Pablo lo explica en 1 Tesalonicenses 5:1-5:

“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.” 1 Tesalonicenses 5:1-5 (RV60)

Para el mundo en tinieblas, el regreso de Jesús será una interrupción violenta y aterradora de sus planes. Pero para los “hijos de luz”, Jesús no viene como un ladrón, sino como el Esposo del día. Esta revelación transforma nuestra espiritualidad: dejamos de ser esclavos del miedo para ser amantes en espera. La venida del Señor es la culminación de una historia de amor, no el inicio de una película de terror.

LA REVELACIÓN DE JESUCRISTO SIN VELOS

El libro de Apocalipsis ha sido injustamente etiquetado como un libro de miedo. En realidad, la palabra apokalypsissignifica “quitar el velo”. Es una conversación íntima donde el Padre nos revela quién es Su Hijo en Su faceta venidera. El libro comienza con una promesa de bienestar.

“Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.” Apocalipsis 1:3 (RV60)

En los Evangelios, vimos al Jesús de la debilidad humana, el Cordero inmolado. En Apocalipsis, vemos al León de la tribu de Judá, con ojos de fuego, voz de estruendo y una espada en Su boca para juzgar con justicia. No es un cambio de Persona, sino la manifestación completa de Su gloria. Los símbolos del libro —sellos, trompetas y copas— no son para confundir a los santos, sino para “confundir a los demonios”. Dios utiliza misterios para que el Espíritu Santo se los revele a los sencillos de corazón, permitiéndoles ver el plan de victoria que Jesús ya tiene asegurado.

EL PLAN DE LOS JUICIOS: JUSTICIA PARA LA SALVACIÓN

Es un error ver los juicios de Dios como actos de crueldad. Los juicios son, en realidad, el método de Dios para salvar a mucha gente en poco tiempo. Cuando la tierra es sacudida y los sistemas humanos fallan, el ateísmo desaparece y las naciones se ven obligadas a reconocer la realidad espiritual.

“Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia.” Isaías 26:9 (RV60) 

Debemos entender que, aunque la Iglesia atraviese estos tiempos, será preservada en medio de ellos. El modelo es la tierra de Gosén: mientras Egipto sufría las plagas, el pueblo de Dios estaba protegido en su lugar de habitación. No somos llamados a escapar de la tierra, sino a ser empoderados con las “siete facetas del Espíritu” para ser testigos victoriosos. Dios nos guardará del mal, no necesariamente de la presencia de la prueba, para que podamos predicar el evangelio eterno incluso ante la oposición del Anticristo.

LA SÉTIMA TROMPETA Y EL REGRESO TRIUNFAL

El evento central que marca el fin de esta era es la séptima trompeta. Este es un momento de anuncio universal donde se declara que el gobierno de este mundo cambia de manos.

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.” Apocalipsis 11:15(RV60)

En esta séptima trompeta ocurre lo que se conoce como el arrebatamiento, que es la necesidad de ser transformados físicamente. Pablo explica que la carne y la sangre no pueden heredar el reino eterno, por lo que necesitamos cuerpos incorruptibles para reinar con Cristo en la tierra. Así lo detalla 1 Corintios 15:51-52:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.” 1 Corintios 15:51-52 (RV60)

El regreso de Jesús no es un evento secreto; es una procesión pública (parousia) que “todo ojo verá”. Nosotros salimos a recibirle en el aire —como una delegación que recibe a un rey— para unirnos a Su entrada triunfal en Jerusalén, donde Él restaurará todas las cosas y establecerá Su paz duradera.

CONCLUSIÓN

La madurez de la Iglesia se mide por su capacidad de amar la manifestación de su Señor. No somos una “niña” asustada, sino una “Esposa” que ha aprendido a colaborar con el Espíritu Santo. El apóstol Pablo, enfrentando el final de su propia vida, nos dejó el secreto de la perseverancia en 2 Timoteo 4:7-8:

Si nuestro estudio del fin no produce más amor por la persona de Jesús, entonces no hemos entendido el mensaje. Estamos llamados a ser de aquellos que, a pesar de la maldad multiplicada, mantienen su corazón encendido. El libro de Apocalipsis termina con el clamor unánime de la Iglesia y el Espíritu: “Ven, Señor Jesús”. Que nuestra vida diaria sea una respuesta a ese llamado, viviendo cada día con la sobriedad y la alegría de quien sabe que el Rey está cerca.

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